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Intensidad

El Ayuno No Enciende Interruptores: Cambia el Volumen de los Procesos del Organismo

El cuerpo no funciona con un sistema de "encendido y apagado". Funciona como una orquesta, donde algunos procesos aumentan su intensidad mientras otros disminuyen gradualmente.

Uno de los errores más comunes al hablar del ayuno es imaginar que, al cumplirse un determinado número de horas, el organismo "enciende" un proceso y "apaga" otro. La realidad es mucho más interesante.

El cuerpo humano trabaja de manera continua. Todos sus procesos están activos, en mayor o menor grado, las veinticuatro horas del día. Lo que cambia durante un ayuno no es la existencia de esos procesos, sino su intensidad.

Una buena analogía es la de una consola de sonido. No se presiona un botón de encendido o apagado. Lo que sucede es que algunos controles de volumen se elevan mientras otros se reducen. El organismo está ajustando prioridades para adaptarse a la ausencia temporal de alimentos.
A las 12 horas: baja la insulina, sube el uso de grasa

La insulina nunca desaparece completamente. Siempre existe cierta cantidad circulando en la sangre. Sin embargo, alrededor de las doce horas de ayuno, su nivel disminuye de forma importante.

Al bajar la insulina, aumenta la capacidad del organismo para liberar grasa almacenada. No significa que antes no utilizara grasa; significa que ahora utiliza más grasa y menos glucosa.

No es un interruptor. Es un cambio gradual de prioridad.

Mientras el "volumen" de la insulina baja, el "volumen" de la utilización de grasa sube.
A las 16 horas: aumenta la autofagia

La autofagia tampoco aparece de repente.

Todas las células realizan limpieza y reciclaje durante toda la vida. Sin embargo, cuando disminuyen las señales de abundancia de nutrientes, ese proceso aumenta de intensidad.

Alrededor de las dieciséis horas, el organismo comienza a dedicar más recursos a reciclar proteínas deterioradas, estructuras envejecidas y componentes celulares que ya no funcionan eficientemente.

La limpieza siempre existía.

Lo que cambia es la velocidad con que ocurre.

El volumen de la limpieza celular aumenta.

El volumen del crecimiento y almacenamiento disminuye.
Alrededor de las 20 horas: aumentan las cetonas

El hígado produce cetonas incluso cuando una persona come normalmente. La diferencia es que durante el ayuno su producción aumenta considerablemente.

A medida que disminuye la disponibilidad de glucosa, el organismo incrementa la fabricación de cetonas para alimentar al cerebro y otros tejidos.

No deja de utilizar glucosa.

Simplemente utiliza una mayor proporción de cetonas.

Mientras baja el volumen del consumo de glucosa, aumenta el volumen del metabolismo de las grasas y de la producción de cetonas.
A las 24 horas: se intensifica la reparación celular

Los procesos de mantenimiento celular nunca descansan.

Lo que ocurre después de aproximadamente un día de ayuno es que el organismo puede dedicar una mayor parte de su energía al mantenimiento interno porque ya no está ocupado procesando alimentos de forma constante.

La reparación aumenta.

El almacenamiento disminuye.

El reciclaje aumenta.

La fabricación de nuevas reservas disminuye temporalmente.

Todo ocurre al mismo tiempo.

Lo único que cambia es la prioridad.
A las 48 horas: aumenta la hormona del crecimiento

La hormona del crecimiento nunca llega a cero.

Siempre está presente.

Durante un ayuno prolongado, el organismo aumenta su producción para ayudar a conservar la masa muscular mientras continúa utilizando grasa como combustible.

Al mismo tiempo disminuyen las señales relacionadas con el crecimiento impulsado por la alimentación.

Un sistema aumenta.

El sistema opuesto disminuye.

El cuerpo redistribuye sus recursos.
A las 72 horas: aumenta la renovación del sistema inmunológico

El sistema inmunológico trabaja todos los días.

Todos los días elimina células viejas y produce nuevas.

Durante un ayuno prolongado, ese proceso aumenta su intensidad.

El organismo acelera la eliminación de células menos eficientes y prepara el terreno para la producción de nuevas células cuando la alimentación se reanuda.

No comienza desde cero.

Simplemente acelera un proceso que ya estaba ocurriendo.
El principio que gobierna todo el ayuno

Cada proceso biológico tiene un proceso opuesto.

Cuando uno aumenta, el otro disminuye.

No desaparece.

Solo pierde prioridad.

El organismo está redistribuyendo su energía para responder a una situación temporal: la ausencia de alimentos.

Por eso, pensar en el ayuno como una serie de interruptores es una simplificación excesiva.

Es mucho más preciso imaginar una mesa de mezclas de sonido.

Cada hora del ayuno mueve lentamente los controles.

Algunos suben.

Otros bajan.

Ninguno desaparece por completo.

Ese ajuste continuo es el verdadero propósito del ayuno: permitir que el organismo cambie gradualmente sus prioridades, aumentando los procesos de reparación, reciclaje, utilización de grasa y adaptación metabólica, mientras reduce temporalmente los procesos de almacenamiento, crecimiento y utilización predominante de glucosa.

El cuerpo no cambia de modo porque llegue una hora exacta. La hora simplemente marca el momento en que un proceso comienza a ser lo suficientemente intenso como para hacerse evidente. El cambio empezó mucho antes y continuará mucho después. El ayuno no funciona con interruptores. Funciona ajustando el volumen de la biología.